La resiliencia climática en la arquitectura se ha vuelto un tema de vital importancia en México, un país caracterizado por su diversidad geográfica y climática, que enfrenta desafíos crecientes debido al cambio climático. Los fenómenos naturales extremos, como huracanes, sequías e inundaciones, exigen que se implementen estrategias que no solo protejan a las comunidades, sino que también promuevan un desarrollo sostenible en el país.
La planificación adecuada y el uso de materiales locales son fundamentales para lograr esta resiliencia. En general, el diseño arquitectónico en México está adoptando enfoques que consideran la sostenibilidad y la adaptación al clima. Por ejemplo, incorporar materiales tradicionales y de bajo impacto, como el adobe y la piedra caliza, no solo reduce la huella de carbono, sino que también respeta la identidad cultural local y se integra armónicamente en el entorno natural.
En regiones específicas como la Riviera Maya, Quintana Roo y Yucatán, la construcción de espacios verdes y sistemas de manejo eficiente de aguas pluviales se convierten en ejemplos clave de cómo se puede mitigar el riesgo de inundaciones y preservar los ecosistemas. Proyectos como La Casa de la Playa en Playa del Carmen ilustran este enfoque al combinar materiales locales y tecnologías sostenibles, como sistemas de captación de agua de lluvia y energía solar, con el objetivo de minimizar el impacto ambiental y ofrecer experiencias turísticas responsables.

En Tulum, el desarrollo de Selva Zama refleja un compromiso con la conservación, mediante técnicas de construcción que protegen los recursos hídricos y fomentan la biodiversidad. Por otro lado, el Hotel Habitas Tulum utiliza prácticas arquitectónicas que integran materiales sostenibles y sistemas energéticos eficientes, evidenciando cómo los hoteles pueden operar de manera eco-amigable en un entorno frágil.
Además, la gestión del Parque Nacional Tulum es un ejemplo de cómo las estrategias de resiliencia pueden contribuir a la conservación del entorno natural y prevenir la erosión costera, promoviendo la educación ambiental tanto para los turistas como para la comunidad. Estos proyectos en Quintana Roo y la Riviera Maya no solo abordan los desafíos climáticos inmediatos, sino que también ofrecen lecciones valiosas para toda la nación, mostrando cómo la resiliencia puede integrarse en el tejido urbano y natural.
